quarta-feira, 19 de julho de 2006

"Un viejo que leía novelas de amor"



"Arriba, al borde de la pendiente, la hembra movía el rabo frenética. Las pequeñas orejas vibrabam captando todos los ruidos de la selva, pero no atacaba. Sorprendido, el viejo se movió lentamente hata recuperar la escopeta. - Por qué no atacas? Qué juego es este? Abrió los martillos percutores y se echó el arma a los ojos. A esa distancia no podía fallar. Arriba, el animal no despegaba los ojos de encima. De improviso, rugió, triste y cansada, y se echó sobre las patas. La débil respuesta del macho le llegó muy cerca y no costó encontrarlo. Era más pequeño que la hembra y estaba tendido al amparo de un tronco hueco. Presentaba la piel pegada al esqueleto y un muslo casi arrancado del cuerpo por una perdigonada. El animal apenas respiraba, y la agonía se veía dolorosíssima. - Eso buscabas? Que le diera el tiro de gracia? - gritó el viejo hacia la altura, y la hembra se ocultó entre las plantas. Se acercó al macho herido y le palmoteó la cabeza. El animal apenas alzó un párpado, y al examinar con detención la herida vio que se lo empezaban a comer las hormigas. Puso los dos cañones en el pecho del animal. - Lo siento, compañero. Ese gringo hijo de la gran puta nos jodió la vida a todos. - Y disparó." (...) "Entonces apretó los gatillos y el animal se detuvo en el aire, quebró el cuerpo a un costado y cayó pesadamente con el pecho abierto por la dobre perdigonada. Antonio José Bolívar Proaño se incorporó lentamente. Se acercó al animal muerto y se estremeció al ver que la doble carga la había destrozado. El pecho era un cardenal gigantesco y por la espalda asomaban restos de tripas y pulmones deshechos. Eramás grande de lo que había pensado al verla por primeira vez. Flaca y todo, era un animal soberbio, hermoso, una obra maestra de gallardía imposible de reproducir ni con el pensamiento. El viejo la acarició, ignorando el dolor del pie herido, y lloró avergonzado, sintiéndose indigno, envilecido, en ningún caso vencedor de esa batalla. Con los ojos nublados de lágrimas y lluvia, empujó el cuerpo del animal hasta la orilla del río, y las aguas se lo llevaron selva adentro, hasta los territorios jamás profanados por el hombre blanco, hasta el encuentro con el Amazonas, hacia los rápidos donde sería destrozado por puñales de piedra, a salvo para siempre de las indignas alimañas. Enseguida arrojó con furia la escopeta y la vio hundirse sin gloria. Bestia de metal indeseada por todas las criaturas. Antonio José Bolívar Proaño se quitó la dentadura postiza, la guardó envuelta en el pañuelo y, sin dejar de maldecir al gringo inaugurador de la tragedia, al alcalde, a los buscadores de oro, a todos los que emputecían la virginidad de su amazonía, cortó de un machetazo una gruesa rama, y apoyado en ella se echó a andar en pos de El Edilio, de su choza, y de sus novelas que hablaban del amor con palabras tan hermosas que a veces le haían olvidar la barbarie humana."

"Un viejo que leía novelas de amor", Luis Sepúlveda

"Bookcrossing - comentários"

1 comentário:

Anónimo disse...

Espero que tenhas gostado ;)

Besos

SS